sábado, 5 de marzo de 2005

Ojalá estuvieras lejos

Muy lejos. No es buen momento ahora para irse a Tanzania, para ir a hacer de genio loco por algún lugar lejano? Ojalá lo fuera...

Me has quitado mucho más que a ti, me lo quitas cada día. Vale el incumplimiento de pactos, vale hacer una de las cosas a las que más temo, romper vínculos, dejarme sola. Vale resquebrajar mi esquema de valores, vale hacerme perder la confianza en sentimientos, en esfuerzos, en nosotros, en ti. Pero ah... tenías que quitarme más cosas, sin querer, oh pobre, sin pretenderlo, oh vaya.

Has estado lejos dos anyos enteros. Kilómetros y kilómetros. Dos anyos en los que me vinculé a un grupo de gente a la que ahora quiero, son cosas que pasan. Tus amigos, cielo, que pasaron a ser nuestros amigos. Tus amigos, a los que yo empecé a ver casi para servirte de enlace, para que mantuvieras contacto, para hablarles de ti y a ti de ellos. Alguna vez me diste las gracias, aunque no había por qué... Yo te quería -te quiero-, y a ti eso te hacía bien. Pero además descubrí un grupo de gente fantástica, has sabido elegir bien de quiénes te rodeabas.

El segundo anyo ya no era por ti, aunque seguí pendiente de vuestro vínculo a la vez que tejía el mío propio. Mientras saltaba las trampas que había por el camino, les explicaba algunas de tus actuaciones para que no te juzgaran, les animaba a llamar, les pedía que estuvieran cerca de ti.

Hoy se te ha acabado la vena viajera, la racha aventurera, ya no eres más Willy Fogg. Hoy recuperas el vínculo que yo te entrego, protegido, le mantuve cálido, vivo mientras estuviste lejos, mientras no le prestabas atención apenas -no por tu culpa, eso lo sé... pero yo cuidé de él mientras tú no sabías hacerlo, mientras te encontrabas-.

Hoy te reencuentras con ellos, pero con condiciones nuevas conmigo: ahora que estás cerca, yo debo alejarme. Y duele perderte, no vas a saber cuánto nunca... pero además te los llevas, y yo rabio. Para qué tenía que vincularme? Para qué si ibas a llevártelo? Por qué das y quitas tan alegremente? No puedo entenderlo.

Pero tú impones las condiciones, no puedo verte, no puedo estar cerca tuyo... y ellos son tus amigos. Sólo días robados al calendario, como hoy, en los que viajas a otras tierras, me permiten acercarme a lo que hice mi casa también. Sonreír con ellos, bromear, saber cómo están, ser una más. Eso que también me has quitado, como si no tuvieras bastante. Es la primera vez que lo hago en lo que va de anyo, reunirme con todos, charlar alegremente. No es justo, no eres justo, creas situaciones absurdas.

Ojalá te fueras lejos, más lejos de lo que has estado nunca. Ojalá te fueras a seguir persiguiendo eso que te falta y que no encuentras porque el agujero está dentro y no se puede rellenar con idiomas nuevos en capitales impronunciables. Pero ojalá te fueras a perseguirlo, y si al menos tengo que estar lejos de ti, no me obligaras a prescindir también de aquellos que han sido mi gente estos dos anyos.

Vete lejos, vete a buscarte, vete y no vuelvas si no quieres. Volver así no tiene sentido, volver a estar a quince minutos pero con carteles de prohibido pasar, no-llames no-escribas no-te-acerques. Volver para hacer que te pierda y que les pierda, después de hacer que te tuviera y les tuviera... qué ruin.

Ojalá estuvieras lejos, muy lejos. Tan lejos como me obligas a estar...

(Escuchando "Total Eclipse of the Heart", de Bonnie Tyler)

Ojalá estuvieras lejos

Muy lejos. No es buen momento ahora para irse a Tanzania, para ir a hacer de genio loco por algún lugar lejano? Ojalá lo fuera...

Me has quitado mucho más que a ti, me lo quitas cada día. Vale el incumplimiento de pactos, vale hacer una de las cosas a las que más temo, romper vínculos, dejarme sola. Vale resquebrajar mi esquema de valores, vale hacerme perder la confianza en sentimientos, en esfuerzos, en nosotros, en ti. Pero ah... tenías que quitarme más cosas, sin querer, oh pobre, sin pretenderlo, oh vaya.

Has estado lejos dos anyos enteros. Kilómetros y kilómetros. Dos anyos en los que me vinculé a un grupo de gente a la que ahora quiero, son cosas que pasan. Tus amigos, cielo, que pasaron a ser nuestros amigos. Tus amigos, a los que yo empecé a ver casi para servirte de enlace, para que mantuvieras contacto, para hablarles de ti y a ti de ellos. Alguna vez me diste las gracias, aunque no había por qué... Yo te quería -te quiero-, y a ti eso te hacía bien. Pero además descubrí un grupo de gente fantástica, has sabido elegir bien de quiénes te rodeabas.

El segundo anyo ya no era por ti, aunque seguí pendiente de vuestro vínculo a la vez que tejía el mío propio. Mientras saltaba las trampas que había por el camino, les explicaba algunas de tus actuaciones para que no te juzgaran, les animaba a llamar, les pedía que estuvieran cerca de ti.

Hoy se te ha acabado la vena viajera, la racha aventurera, ya no eres más Willy Fogg. Hoy recuperas el vínculo que yo te entrego, protegido, le mantuve cálido, vivo mientras estuviste lejos, mientras no le prestabas atención apenas -no por tu culpa, eso lo sé... pero yo cuidé de él mientras tú no sabías hacerlo, mientras te encontrabas-.

Hoy te reencuentras con ellos, pero con condiciones nuevas conmigo: ahora que estás cerca, yo debo alejarme. Y duele perderte, no vas a saber cuánto nunca... pero además te los llevas, y yo rabio. Para qué tenía que vincularme? Para qué si ibas a llevártelo? Por qué das y quitas tan alegremente? No puedo entenderlo.

Pero tú impones las condiciones, no puedo verte, no puedo estar cerca tuyo... y ellos son tus amigos. Sólo días robados al calendario, como hoy, en los que viajas a otras tierras, me permiten acercarme a lo que hice mi casa también. Sonreír con ellos, bromear, saber cómo están, ser una más. Eso que también me has quitado, como si no tuvieras bastante. Es la primera vez que lo hago en lo que va de anyo, reunirme con todos, charlar alegremente. No es justo, no eres justo, creas situaciones absurdas.

Ojalá te fueras lejos, más lejos de lo que has estado nunca. Ojalá te fueras a seguir persiguiendo eso que te falta y que no encuentras porque el agujero está dentro y no se puede rellenar con idiomas nuevos en capitales impronunciables. Pero ojalá te fueras a perseguirlo, y si al menos tengo que estar lejos de ti, no me obligaras a prescindir también de aquellos que han sido mi gente estos dos anyos.

Vete lejos, vete a buscarte, vete y no vuelvas si no quieres. Volver así no tiene sentido, volver a estar a quince minutos pero con carteles de prohibido pasar, no-llames no-escribas no-te-acerques. Volver para hacer que te pierda y que les pierda, después de hacer que te tuviera y les tuviera... qué ruin.

Ojalá estuvieras lejos, muy lejos. Tan lejos como me obligas a estar...

(Escuchando "Total Eclipse of the Heart", de Bonnie Tyler)

viernes, 4 de marzo de 2005

Números en el calendario


Marzo ha entrado por la ventana sin ser invitado, pero a él no le importa. Entra, grosero, pone los pies encima de la mesa -mi mesa- y se hace duenyo y senyor de un espacio que parece pertenecerle. Se trae con él un calendario que casi me arroja a la cara, sonriendo, sabiéndose ganador.

Demasiados días con significados asociados. Demasiadas fechas con recuerdos atados, fechas que se clavan y desgarran, fechas asesinas. Marzo hace muchos anyos que dejó de ser mi amigo... y este anyo lo es menos que nunca.

Arrancas cada día temiendo el que llega detrás. Nueva lucha sinsentido, los días se suceden y te comen. Si no estuvieras hecha de símbolos, si un número no dijera tanto más que una cantidad de días que ya han pasado...

Repaso -inútil, ya sabes que las Bestias no dejan de serlo porque seas capaces de nombrarlas-.

La semana que viene empieza el festival. El lunes hará cuatro anyos que nos conocimos en persona. Un tipo con barba y con maletín en la fuente de Callao, yo pensé "qué senyor!", tú pensaste "qué ninya!", y luego ni lo uno ni lo otro.

Deja de sonreír.

El jueves, el imperio contraataca. Tu cumpleanyos, el primero en el que no te felicitaré -órdenes expresas a la par que injustas, y una es una ninya wena-. Imagino que te llamaré desde una cabina para que mi teléfono no diga las palabras que no puedo decir yo, pero así intentaré paliar la horrible sensación que sé que me va a dejar ese día. Imagino también que mi brazo pagará el silencio al que me obligas... pero a mi brazo no le importa, es también un brazo obediente.

Y esto no es chantaje, oiga, que él no lee nada, no sabe nada de este blog, no sabe nada de mí.

Pasemos otras cuantas hojas del calendario. Ese fin de semana celebras tu primer cumpleanyos con mi ausencia. Amigos de ambos que se reúnen contigo. En mi casa, un regalo sin destinatario, unos Monty Python que no hacen reír a nadie y se miran extranyados.

Más hojas que caen, esto parece un otonyo despistado de fechas. La siguiente semana otro cumpleanyos de un amigo común más a cuya fiesta no iré ya que no tengo permiso para estar en el mismo espacio-tiempo que tú. Y tres días más tarde, como no hemos tenido suficiente, el Día del Padre, aunque oooooohhhhh, al nuestro le tenemos ausente, haciéndose las Europas y diciendo que su hija no es suya, que otra vez será.

Pero aún tenemos más días, cielo. Allá cuando empiece a haber doses en el calendario, será el aniversario de la primera vez que reunimos suficiente valor, desesperanza y sufrimiento como para intentar irnos de un mundo que cada vez nos era más ajeno y que no volvimos a sentir propio desde entonces. Cumpliremos nueve anyos, a todas luces más que suficiente... pero la vida y la muerte siempre parecen tener planes distintos a los que les asignamos. No tienen tiempo para ti, ninguna de las dos.

Marzo ventoso, marzo frío. Ya lo dice el hombre del tiempo: se prevén borrascas, heladas. Escarcha en las mejillas.

(Escuchando el disco "Pa'fuera telaranyas", de Bebe)

Números en el calendario


Marzo ha entrado por la ventana sin ser invitado, pero a él no le importa. Entra, grosero, pone los pies encima de la mesa -mi mesa- y se hace duenyo y senyor de un espacio que parece pertenecerle. Se trae con él un calendario que casi me arroja a la cara, sonriendo, sabiéndose ganador.

Demasiados días con significados asociados. Demasiadas fechas con recuerdos atados, fechas que se clavan y desgarran, fechas asesinas. Marzo hace muchos anyos que dejó de ser mi amigo... y este anyo lo es menos que nunca.

Arrancas cada día temiendo el que llega detrás. Nueva lucha sinsentido, los días se suceden y te comen. Si no estuvieras hecha de símbolos, si un número no dijera tanto más que una cantidad de días que ya han pasado...

Repaso -inútil, ya sabes que las Bestias no dejan de serlo porque seas capaces de nombrarlas-.

La semana que viene empieza el festival. El lunes hará cuatro anyos que nos conocimos en persona. Un tipo con barba y con maletín en la fuente de Callao, yo pensé "qué senyor!", tú pensaste "qué ninya!", y luego ni lo uno ni lo otro.

Deja de sonreír.

El jueves, el imperio contraataca. Tu cumpleanyos, el primero en el que no te felicitaré -órdenes expresas a la par que injustas, y una es una ninya wena-. Imagino que te llamaré desde una cabina para que mi teléfono no diga las palabras que no puedo decir yo, pero así intentaré paliar la horrible sensación que sé que me va a dejar ese día. Imagino también que mi brazo pagará el silencio al que me obligas... pero a mi brazo no le importa, es también un brazo obediente.

Y esto no es chantaje, oiga, que él no lee nada, no sabe nada de este blog, no sabe nada de mí.

Pasemos otras cuantas hojas del calendario. Ese fin de semana celebras tu primer cumpleanyos con mi ausencia. Amigos de ambos que se reúnen contigo. En mi casa, un regalo sin destinatario, unos Monty Python que no hacen reír a nadie y se miran extranyados.

Más hojas que caen, esto parece un otonyo despistado de fechas. La siguiente semana otro cumpleanyos de un amigo común más a cuya fiesta no iré ya que no tengo permiso para estar en el mismo espacio-tiempo que tú. Y tres días más tarde, como no hemos tenido suficiente, el Día del Padre, aunque oooooohhhhh, al nuestro le tenemos ausente, haciéndose las Europas y diciendo que su hija no es suya, que otra vez será.

Pero aún tenemos más días, cielo. Allá cuando empiece a haber doses en el calendario, será el aniversario de la primera vez que reunimos suficiente valor, desesperanza y sufrimiento como para intentar irnos de un mundo que cada vez nos era más ajeno y que no volvimos a sentir propio desde entonces. Cumpliremos nueve anyos, a todas luces más que suficiente... pero la vida y la muerte siempre parecen tener planes distintos a los que les asignamos. No tienen tiempo para ti, ninguna de las dos.

Marzo ventoso, marzo frío. Ya lo dice el hombre del tiempo: se prevén borrascas, heladas. Escarcha en las mejillas.

(Escuchando el disco "Pa'fuera telaranyas", de Bebe)

martes, 1 de marzo de 2005

Los vivos no se dan cuenta

"Los vivos eran los que no se daban cuenta de que sucedían cosas extranyas y maravillosas, porque la vida estaba demasiado llena de cosas aburridas y mundanas"

Terry Pratchett



Pero qué bueno es este hombre. Coges un libro suyo, de la saga de Mundodisco o el estupendo "Buenos Presagios", escrito junto a Neil Gaiman. Desconectas del mundo y de sus miserias, te reenganchas al placer de leer, te ríes, y encima de cuando en cuando te encuentras perlas brillantes, disfrazadas de chascarrillo superficial, pero brillando. Y mira su foto... parece un pequenyo mago despistado. A lo mejor lo es. Entre mago y filósofo loco :-) Me tiene atrapada, me encanta.

[Otra web sobre Neil Gaiman]

(Escuchando "Rayando el Sol", de Maná)

Los vivos no se dan cuenta

"Los vivos eran los que no se daban cuenta de que sucedían cosas extranyas y maravillosas, porque la vida estaba demasiado llena de cosas aburridas y mundanas"

Terry Pratchett



Pero qué bueno es este hombre. Coges un libro suyo, de la saga de Mundodisco o el estupendo "Buenos Presagios", escrito junto a Neil Gaiman. Desconectas del mundo y de sus miserias, te reenganchas al placer de leer, te ríes, y encima de cuando en cuando te encuentras perlas brillantes, disfrazadas de chascarrillo superficial, pero brillando. Y mira su foto... parece un pequenyo mago despistado. A lo mejor lo es. Entre mago y filósofo loco :-) Me tiene atrapada, me encanta.

[Otra web sobre Neil Gaiman]

(Escuchando "Rayando el Sol", de Maná)

domingo, 27 de febrero de 2005

Cómo puedes decir eso (I)

Ha sido una buena semana. Podríamos matizar, claro, siempre se puede... pero lo vamos a dejar ahí, en que, con matices, ha sido una buena semana. Seguramente la mejor desde Navidades.

Y tengo sensaciones contradictorias. La normal, sana, cuerda, juiciosa y sensata ella: mira qué bien, qué agradable, qué-gonito-qué-alboroto-otro-perrito-piloto. Y la -oh, terror- anormal, insensata, loca, injusta y no por ello menos real -aunque sí mucho más callada-: pues no es lo que quiero.

Cómo puedes decir eso?

Cosas de la vida, van a ser. Estoy convencida de demasiadas cosas sobre mi no-futuro como para empezar a tener buenos momentos. Sé cómo soy, conozco de memoria cada recodo de mi particular montanya rusa, y no quiero subir para volver a bajar, a ir a trompicones haciendo loopings que te ponen cabeza abajo, que te hacen chillar y encontrarte con el estómago revuelto preguntándote por qué subiste. No. Ya he pasado todo eso, y mire, decidí que quiero bajar de la atracción. Que ya sé que es muy atractiva y popular, eso de la montanya rusa de la vida, toda sensaciones, mire usted qué bien... pero casi que con su pan se la coman.

Así que no me pilla del mejor humor para tener buenas semanas. Y no sé si son lo que quiero o no. A o mejor ahora ya sí tienen razón las voces-ecos que resuenan con la eterna cancioncilla del "pondetuparteeeeeeeeeelalalalalaaaaaaaaaaa", y hemos llegado al punto de que lo mismo ya no queremos estar bien.

Es lo que tiene sufrir demasiado, que puedes perderte en ese sufrir.

Cómo puedes decir eso.

No, si yo no digo nada. Lo escribo en un blog de Internet, pero no se preocupe, no digo nada, no sea que vayan a escandalizarse por ahí. Una es una ninya buena.

(Escuchando "El roce de tu piel", de Revólver)