jueves, 9 de febrero de 2006

Reflejada en otras letras

A mí no se me puede hacer esto, hombre. A mí, que subrayo los libros -hereje, sacrílega, todo junto porque yo lo valgo- porque siempre me encuentro cosas que me marcan, con las que me siento identificada. A mí, que tengo tantos libros en mi minicasa que aún hay parte que esperan en cajas porque no hay espacio suficiente...

Pero Bereni-C y Awake no pensaron en esos inconvenientes y me pasaron el encargo de escribir aquí un párrafo de un libro con el que me sintiera identificada o que me hubiera marcado. Y hala, Gacela se rompe la cabeza descartando y descartando. Afortunadamente, ya Isthar ha escogido El lobo estepario de Hesse, así que no será ése el que yo traiga. Y la propia Bere ponía un párrafo de Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Etxebarría, lo que me ahorra otro.

Y al final volvemos donde siempre. Buscamos en las cajas y lo encontramos. La Vieja Sirena, de Jose Luis Sampedro. Glauka, Krito, Ahram. Libro de cabecera, libro subrayado y re-subrayado porque cuando lo releo subrayo cosas nuevas según el momento que paso. Y si el libro me identifica muchísimo, leer mi edición -sólo la he prestado una vez- es leerme, Gacela más libro abierto que nunca, volcada entre las sensaciones que se derraman en sus páginas.

No encontraba párrafo porque es la historia completa, un párrafo sólo lo desvirtúa. Es la fuerza de Glauka, la intensidad amante de la mujer-no-más-sirena, la enorme capacidad de disfrutar y de sufrir... y la certeza final de que ha valido la pena. Qué descansada Muerte... después de haber Vivido, con mayúsculas. Pero habiendo que elegir, traigo un retazo:
...no tengo poderes mágicos, no soy adivina, una pobre esclava sin infancia siquiera, mi abismo interior enorme!, qué será de mí? Y esperé un cambio en mi vida! Soy una ilusa, para qué? qué va a ser de mí? cómo vivir con un vacío tan tremendo? Tanto desasosiego y no derrumbarme, vivir sin estar ardiendo no es vivir, esta torre está más viva que yo, caldeada por un hombre vivo, concavidad de horno, y dentro yo estoy fría... o no lo estoy? por qué seguimos adelante sin estar vivos?
Y lo que hace del libro algo tan mágico... es que Glauka, la protagonista, siempre sigue, siempre encuentra la manera, y ama como nadie, se entrega como nadie, sufre como nadie... y le vale la pena.

Pero no podía traer sólo a Glauka por aquí. Tenía que trampear un poco para incluir otro párrafo de otro libro (también subrayado, también libro de cabecera). El arte de amar, de Erich Fromm. Aquí ha sido más fácil escoger uno de los subrayados:
Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. Quiero que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que le es propia, y no para servirme. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, un objeto para mi uso.

Es obvio que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia; si puedo caminar sin muletas, sin tener que dominar ni explotar a nadie. El respeto sólo existe sobre la base de la libertad: "l'amour est l'enfant de la liberté", dice una vieja canción francesa; el amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación.
Porque sí, yo creo que hay maneras mejores y peores de amar, amores que limitan al otro y amores que les dan alas y les hacen crecer, amores con miedo que marcan caminos y amores generosos que ofrecen pedazos nuevos de cielo por los que volar, incluso aunque volando se alejen un poco. Y a amar también se aprende...

Estas son mis dos elecciones... pero soy lo peor y me falta media más, una frase de El amor armado, de Jose María Mendiluce (lástima que tras este libro escribiera siete iguales): El amor, armado, puede ser más fuerte que las armas del odio. Y tiene que serlo...

Ahora vamos a variar un poco la tradición en estas cadenas. NO le paso el meme a Glassy, porque además de que no le gustan los memes y siempre ha encontrado cosas interesantes que escribir sin necesidad de ellos, ha cerrado -temporalmente, espero- la ventana a la que se asomaba y a la que nos gustaba asomarnos a los demás, que además tenía muchos más colores de los que ella veía. NO le paso el meme a Nuala porque piensa que los memes son el cáncer de la blogosfera -y no anda del todo desencaminada, pero si buscan un ejemplo de coherencia creo que hay alguno todo recto y a la izquierda, aquí no-. NO le paso el meme a K. porque no he visto nunca uno en su blog y porque los tipos huranyos, asociales y encantadores a la vez seguro que no los contestan. Y finalmente NO le paso el meme a Lord Jim, el capitán contador de historias, a pesar de que su respuesta es de las que más curiosidad me despierta, porque lo tendría difícil entre todos los libros que han pasado por sus manos, y porque creo que ya me odia suficiente después de haberle pasado el anterior, y prefiero que me quieran (un poco) a que me odien y me hagan vudú. Hala.

Reflejada en otras letras

A mí no se me puede hacer esto, hombre. A mí, que subrayo los libros -hereje, sacrílega, todo junto porque yo lo valgo- porque siempre me encuentro cosas que me marcan, con las que me siento identificada. A mí, que tengo tantos libros en mi minicasa que aún hay parte que esperan en cajas porque no hay espacio suficiente...

Pero Bereni-C y Awake no pensaron en esos inconvenientes y me pasaron el encargo de escribir aquí un párrafo de un libro con el que me sintiera identificada o que me hubiera marcado. Y hala, Gacela se rompe la cabeza descartando y descartando. Afortunadamente, ya Isthar ha escogido El lobo estepario de Hesse, así que no será ése el que yo traiga. Y la propia Bere ponía un párrafo de Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Etxebarría, lo que me ahorra otro.

Y al final volvemos donde siempre. Buscamos en las cajas y lo encontramos. La Vieja Sirena, de Jose Luis Sampedro. Glauka, Krito, Ahram. Libro de cabecera, libro subrayado y re-subrayado porque cuando lo releo subrayo cosas nuevas según el momento que paso. Y si el libro me identifica muchísimo, leer mi edición -sólo la he prestado una vez- es leerme, Gacela más libro abierto que nunca, volcada entre las sensaciones que se derraman en sus páginas.

No encontraba párrafo porque es la historia completa, un párrafo sólo lo desvirtúa. Es la fuerza de Glauka, la intensidad amante de la mujer-no-más-sirena, la enorme capacidad de disfrutar y de sufrir... y la certeza final de que ha valido la pena. Qué descansada Muerte... después de haber Vivido, con mayúsculas. Pero habiendo que elegir, traigo un retazo:
...no tengo poderes mágicos, no soy adivina, una pobre esclava sin infancia siquiera, mi abismo interior enorme!, qué será de mí? Y esperé un cambio en mi vida! Soy una ilusa, para qué? qué va a ser de mí? cómo vivir con un vacío tan tremendo? Tanto desasosiego y no derrumbarme, vivir sin estar ardiendo no es vivir, esta torre está más viva que yo, caldeada por un hombre vivo, concavidad de horno, y dentro yo estoy fría... o no lo estoy? por qué seguimos adelante sin estar vivos?
Y lo que hace del libro algo tan mágico... es que Glauka, la protagonista, siempre sigue, siempre encuentra la manera, y ama como nadie, se entrega como nadie, sufre como nadie... y le vale la pena.

Pero no podía traer sólo a Glauka por aquí. Tenía que trampear un poco para incluir otro párrafo de otro libro (también subrayado, también libro de cabecera). El arte de amar, de Erich Fromm. Aquí ha sido más fácil escoger uno de los subrayados:
Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. Quiero que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que le es propia, y no para servirme. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, un objeto para mi uso.

Es obvio que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia; si puedo caminar sin muletas, sin tener que dominar ni explotar a nadie. El respeto sólo existe sobre la base de la libertad: "l'amour est l'enfant de la liberté", dice una vieja canción francesa; el amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación.
Porque sí, yo creo que hay maneras mejores y peores de amar, amores que limitan al otro y amores que les dan alas y les hacen crecer, amores con miedo que marcan caminos y amores generosos que ofrecen pedazos nuevos de cielo por los que volar, incluso aunque volando se alejen un poco. Y a amar también se aprende...

Estas son mis dos elecciones... pero soy lo peor y me falta media más, una frase de El amor armado, de Jose María Mendiluce (lástima que tras este libro escribiera siete iguales): El amor, armado, puede ser más fuerte que las armas del odio. Y tiene que serlo...

Ahora vamos a variar un poco la tradición en estas cadenas. NO le paso el meme a Glassy, porque además de que no le gustan los memes y siempre ha encontrado cosas interesantes que escribir sin necesidad de ellos, ha cerrado -temporalmente, espero- la ventana a la que se asomaba y a la que nos gustaba asomarnos a los demás, que además tenía muchos más colores de los que ella veía. NO le paso el meme a Nuala porque piensa que los memes son el cáncer de la blogosfera -y no anda del todo desencaminada, pero si buscan un ejemplo de coherencia creo que hay alguno todo recto y a la izquierda, aquí no-. NO le paso el meme a K. porque no he visto nunca uno en su blog y porque los tipos huranyos, asociales y encantadores a la vez seguro que no los contestan. Y finalmente NO le paso el meme a Lord Jim, el capitán contador de historias, a pesar de que su respuesta es de las que más curiosidad me despierta, porque lo tendría difícil entre todos los libros que han pasado por sus manos, y porque creo que ya me odia suficiente después de haberle pasado el anterior, y prefiero que me quieran (un poco) a que me odien y me hagan vudú. Hala.

lunes, 6 de febrero de 2006

De lágrimas y espadas

Una de las sensaciones que siempre llevo conmigo es la de tener que estar permanentemente en guardia. Controlando siempre los pensamientos para que no se alcen contra mí y tomen el fuerte, se hagan duenyos del castillo y depongan a mi parte lúcida y razonable. Atenta siempre a que la melancolía no rebose, se derrame, me inunde, me ahogue. Pendiente de mantener una voz en mi cabeza que acalle a las otras que siempre, siempre, susurran por lo bajo, y que sólo esperan su oportunidad de lanzarse a construir discursos enteros que me sepulten, perdida mi voz real entre tanto grito.

Es muy cansado, porque incluso cuando estoy disfrutando tengo esa musiquilla de fondo, y debo estar alerta. Una mano siempre cerca de la empunyadura de la espada por si hace falta desenvainarla. En guardia ninya, controla cielo, atenta pequenya, cuidado princesa. Siempre. Y agota.

Como es de esperar, al final siempre hay algún fallo. No te has dado cuenta y has mirado demasiadas fotos. Has recordado demasiado, o te has dejado llevar, o has pensado lo que no debías o te has dejado mecer por una canción que no tocaba, o te has distraído y has escuchado de nuevo la frase-punyal que nunca dejó de estar clavada, pero a veces obvias la herida abierta. No siempre es igual, podrías resumirlo en que a veces bajas la guardia un segundo y ahí estás. Cercada. Atrapada por una cabecita loca que no controlas. Tormenta y demonios. Lágrimas transparentes en el rostro, lágrimas encarnadas en el cuerpo. Voces. Te pierdes y te da miedo, te vas y te das miedo.

Pero a veces... es curioso, y no lo entiendes, y te asombra. Y es que a veces, cuando todo este proceso se ha desatado, cuando, insensata, bajaste la guardia sin darte cuenta y los lobos que albergas dentro saltaron sobre ti preparándose para el festín, y era demasiado tarde para encontrar tu espada, y te rendías a una noche de furia desatada, Bestia suelta, batalla perdida, pulmones sin aire, lágrimas rojas...

...a veces te encuentras con que cuando has cerrado los ojos para recibir el golpe, tu propio golpe, éste no llega. Y subes la mirada extranyada para ver una espada que brilla y que no es tuya. Y sigues el filo con la mirada y acaba en unas manos fuertes que la empunyan segura, y que tampoco te pertenecen. Porque no eres tú, sino alguien que ha decidido quedarse contigo esa noche, con tu Bestia, tus monstruos y tus demonios, y peleárselos aunque le sean ajenos. Y sus ojos dicen "hoy no estás sola, ninya, hoy me quedo contigo, hoy yo me peleo esto", y te llena de ternura porque ni siquiera sabe contra qué lucha, pero lucha porque te hace danyo. Y no entiendes, te asombra que prefiera quedarse con tu tormenta desatada antes que refugiarse en la calidez de su edredón, pero se está quedando. Aunque no entiendas. Aunque te asombre.

Cuando eras chiquita, en los tiempos de batas de médico y pasillos verdes, decían que eras una ninya valiente, pero siempre-siempre necesitabas un minuto en el que le pedías a mamá que te secara las lágrimas antes del pinchazo, antes de la anestesia, antes de lo que fuera. Hoy no lo pides, pero cuando alguien que te ve llorar te seca las lágrimas, es un regalo. Porque odias llorar, pero sobre todo odias llorar sola. Y tus monstruos te aterran, pero cuando se quedan contigo, parecen mucho más pequenyos.

Esta gente no suele ser consciente de lo valioso de su gesto, del tesoro de su companyía. Se escudan en los "es lo que haría cualquiera", cuando sabes que de cualquieras el mundo está lleno, y la gente que se pelea monstruos ajenos porque sí, sin estar obligado, sin pedir nada... se cuentan con los dedos de una mano. Pero seguramente, parte de lo especiales que son radica en que no saben que lo son.

Y este post que -marca de la casa- no termina nunca, es suyo, claro. De quien secó lágrimas, de quien se quedó conmigo. De la ninya valenciana que ha acompanyado tantas veces, sabiendo siempre como nadie frenar cualquier voz con la suya, infinitamente más poderosa. De la muchacha que nunca leerá esto y que aguantó una noche entera en Santander al pie del canyón. Del ninyo que aprendió a manejar la espada mejor que cualquier caballero, haciendo figuras en el aire, manteniendo a raya a cualquier demonio, aunque a veces le pesara tanto.

Y tuyo, claro.



Powered by Castpost

[La imagen que encabeza el post es de una Galería que encuentras AQUÍ. La canción, si he conseguido dominar a Castpost, es una Joya de Ismael Serrano llamada "No estarás sola", del disco de Los Paraísos Desiertos. Puedes ver la letra AQUÍ]

De lágrimas y espadas

Una de las sensaciones que siempre llevo conmigo es la de tener que estar permanentemente en guardia. Controlando siempre los pensamientos para que no se alcen contra mí y tomen el fuerte, se hagan duenyos del castillo y depongan a mi parte lúcida y razonable. Atenta siempre a que la melancolía no rebose, se derrame, me inunde, me ahogue. Pendiente de mantener una voz en mi cabeza que acalle a las otras que siempre, siempre, susurran por lo bajo, y que sólo esperan su oportunidad de lanzarse a construir discursos enteros que me sepulten, perdida mi voz real entre tanto grito.

Es muy cansado, porque incluso cuando estoy disfrutando tengo esa musiquilla de fondo, y debo estar alerta. Una mano siempre cerca de la empunyadura de la espada por si hace falta desenvainarla. En guardia ninya, controla cielo, atenta pequenya, cuidado princesa. Siempre. Y agota.

Como es de esperar, al final siempre hay algún fallo. No te has dado cuenta y has mirado demasiadas fotos. Has recordado demasiado, o te has dejado llevar, o has pensado lo que no debías o te has dejado mecer por una canción que no tocaba, o te has distraído y has escuchado de nuevo la frase-punyal que nunca dejó de estar clavada, pero a veces obvias la herida abierta. No siempre es igual, podrías resumirlo en que a veces bajas la guardia un segundo y ahí estás. Cercada. Atrapada por una cabecita loca que no controlas. Tormenta y demonios. Lágrimas transparentes en el rostro, lágrimas encarnadas en el cuerpo. Voces. Te pierdes y te da miedo, te vas y te das miedo.

Pero a veces... es curioso, y no lo entiendes, y te asombra. Y es que a veces, cuando todo este proceso se ha desatado, cuando, insensata, bajaste la guardia sin darte cuenta y los lobos que albergas dentro saltaron sobre ti preparándose para el festín, y era demasiado tarde para encontrar tu espada, y te rendías a una noche de furia desatada, Bestia suelta, batalla perdida, pulmones sin aire, lágrimas rojas...

...a veces te encuentras con que cuando has cerrado los ojos para recibir el golpe, tu propio golpe, éste no llega. Y subes la mirada extranyada para ver una espada que brilla y que no es tuya. Y sigues el filo con la mirada y acaba en unas manos fuertes que la empunyan segura, y que tampoco te pertenecen. Porque no eres tú, sino alguien que ha decidido quedarse contigo esa noche, con tu Bestia, tus monstruos y tus demonios, y peleárselos aunque le sean ajenos. Y sus ojos dicen "hoy no estás sola, ninya, hoy me quedo contigo, hoy yo me peleo esto", y te llena de ternura porque ni siquiera sabe contra qué lucha, pero lucha porque te hace danyo. Y no entiendes, te asombra que prefiera quedarse con tu tormenta desatada antes que refugiarse en la calidez de su edredón, pero se está quedando. Aunque no entiendas. Aunque te asombre.

Cuando eras chiquita, en los tiempos de batas de médico y pasillos verdes, decían que eras una ninya valiente, pero siempre-siempre necesitabas un minuto en el que le pedías a mamá que te secara las lágrimas antes del pinchazo, antes de la anestesia, antes de lo que fuera. Hoy no lo pides, pero cuando alguien que te ve llorar te seca las lágrimas, es un regalo. Porque odias llorar, pero sobre todo odias llorar sola. Y tus monstruos te aterran, pero cuando se quedan contigo, parecen mucho más pequenyos.

Esta gente no suele ser consciente de lo valioso de su gesto, del tesoro de su companyía. Se escudan en los "es lo que haría cualquiera", cuando sabes que de cualquieras el mundo está lleno, y la gente que se pelea monstruos ajenos porque sí, sin estar obligado, sin pedir nada... se cuentan con los dedos de una mano. Pero seguramente, parte de lo especiales que son radica en que no saben que lo son.

Y este post que -marca de la casa- no termina nunca, es suyo, claro. De quien secó lágrimas, de quien se quedó conmigo. De la ninya valenciana que ha acompanyado tantas veces, sabiendo siempre como nadie frenar cualquier voz con la suya, infinitamente más poderosa. De la muchacha que nunca leerá esto y que aguantó una noche entera en Santander al pie del canyón. Del ninyo que aprendió a manejar la espada mejor que cualquier caballero, haciendo figuras en el aire, manteniendo a raya a cualquier demonio, aunque a veces le pesara tanto.

Y tuyo, claro.



Powered by Castpost

[La imagen que encabeza el post es de una Galería que encuentras AQUÍ. La canción, si he conseguido dominar a Castpost, es una Joya de Ismael Serrano llamada "No estarás sola", del disco de Los Paraísos Desiertos. Puedes ver la letra AQUÍ]

jueves, 2 de febrero de 2006

Bonn tiene playa

Gaviota, gaviota, vals del equilibrio...

Puede ser que la vida te guíe hasta el Sol,
puede ser que el mar domine tus horas
o que toda tu risa le gane ese pulso al dolor...

Hace ya casi un mes que leí
un post en el blog de Bereni-C que me inundó con su mar, y pensé en escribir éste. Pero como no soy de post diario ni mucho menos, y los caminos de mi cabecita loca son inescrutables, la cosa se ha alargado hasta hoy.


En realidad ya traje esta ciudad a mi espacio hace un tiempo. Supongo que tantas visitas, sonrisas, glühwein*, Beethoven, batidos ohne sahne Bitte**... se hicieron un lugar en mí, y lo tienen también aquí como reflejo. Y si ayer hablé de aquel jardín del elefante y los monjes, hoy traigo otro recuerdo. De la tarde en que descubrimos que nuestra pequenya ciudad alemana no tenía nada que envidiarle a cualquier ciudad costera, de esas que, melosas, se dejan lamer por las olas disfrutando del ir y venir. Bonn tiene mar. Y no me importa lo que digan los mapas... quizás no estén bien dibujados. O quien los trazó no supo encontrarlo.

Si vas a buscarlo, tienes que encontrar antes un ninyo pequenyo que seguramente se esconde en alguna parte de tu cabeza, sonriente, esperándote con paciencia, llamándote para que juegues con él. Y encontrar el lugar donde nace la risa, abrir el grifo allá en una de las paredes del estómago. Y la confianza en el otro. Y las ganas de sonyar y descubrir.

Como hacíamos nosotros, descubriéndonos mundos cada día, tú dibujándolos después y yo atrapándolos en palabras. Como hicimos aquella tarde de ojos vendados y caminos nuevos, de ir sin más rumbo que nuestros pies haciendo suya la ciudad desconocida, de manos que tanteaban las plantas, los muros de la pared, la estatua de Beethoven en el parque. Jugando a ser ciegos y ver a través del otro. Jugando a dejarnos llevar donde el otro quisiera, confiando absolutamente en él, a ciegas y sin miedo porque estábamos en sus manos y no había lugar más seguro. Y así, camino arriba y abajo, esto es una flor y esto parece hiedra, subo la cuesta de tu mano, la bajo, me estás haciendo dar vueltas sin sentido...

Era verdad, yo no conocía la ciudad y no sabía dónde estábamos pero jugaba a guiarte con mi mano, con mi voz, y te dejabas guiar; y yo sabía que tus ojos cerrados brillarían felices en cuanto los abrieras, y tu sonrisa iluminaba mis rincones y los alemanes con los que nos cruzábamos nos miraban con cara de reproche porque no entendían que fuéramos ninyos de veintitantos anyos, pero tú no los veías y yo sólo veía tu risa.

En ese sin rumbo caminamos y caminamos, ojos cerrados, fe ciega, cascadas de besos, derramando sonrisas. Y acabó sorprendiéndonos un olor que tuvimos que seguir, un olor a humedad salada, a arena, un olor que se escapaba de algún rincón de la imaginación y nos arrastraba a su paso.

Yo lo vi antes, con mis ojos abiertos... te guié hasta la orilla, todavía sin ver aunque ya se anunciaban las gaviotas. Nos sentamos juntos en la roca y ahí sí, miraste. Para encontrarte frente a un brazo desconocido del Rhin, enorme, inmenso, orilla de arena y gaviotas, sal en el aire. Me miraste -ojos tan brillantes como imaginaba- y me diste las gracias por haberte regalado el mar donde no pensabas encontrarlo. No hace falta mucho para saber que nos regalamos tantas cosas que no pensábamos encontrar...

Y ese recuerdo, que transcrito queda inevitablemente mucho más pobre de lo que fue porque no consigo volcar aquí la ternura de la tarde, los colores de las risas, la aventura a ciegas perdidos en una ciudad de sonidos raros... ese momento pasé a guardarlo en mi cajita de recuerdos-tesoro que calientan cuando hace frío. Ahí sigue, dando calor cuando el edredón no basta, acudiendo a mí cuando leo sobre mares encontrados de manera insospechada, trayendo de la mano la sonrisa que ahora mismo se dibuja en mis labios. Supongo que porque Muerte, de los Eternos, tenía razón, y "lo que ilumina todo son los momentos. Esos momentos que vives sin darte cuenta... son lo mejor de tu vida"***.

Hay un punto en Bonn donde acarician mar y gaviotas. Para llegar sólo hay que cerrar los ojos, confiar y abandonarse en una mano que te guíe, aunque ni ella misma conozca el camino. Y después... disfrutar del momento.

[*El Glühwein es algo como vino caliente al que se le anyade zumo, canela... y depende de la zona, más o menos cosas. El sabor recuerda a la sangría y se agradece muchísimo tomarlo caliente-caliente en medio del frío :-)
**Nadie sabe por qué los alemanes tienen la manía de echarle nata (sahne) a todo. Para mí fue básico aprender a decir "sin nata, por favor", y seguramente fue una de las frases que más repetí en ese país.
***Esto es una cita sacada del cómic "Lo mejor de tu vida", de Neil Gaiman, una de las miniseries posteriores a Sandman que tienen a Muerte como protagonista.]


La imagen que encabeza el post la encontré en ESTA GALERÍA

Bonn tiene playa

Gaviota, gaviota, vals del equilibrio...

Puede ser que la vida te guíe hasta el Sol,
puede ser que el mar domine tus horas
o que toda tu risa le gane ese pulso al dolor...

Hace ya casi un mes que leí
un post en el blog de Bereni-C que me inundó con su mar, y pensé en escribir éste. Pero como no soy de post diario ni mucho menos, y los caminos de mi cabecita loca son inescrutables, la cosa se ha alargado hasta hoy.


En realidad ya traje esta ciudad a mi espacio hace un tiempo. Supongo que tantas visitas, sonrisas, glühwein*, Beethoven, batidos ohne sahne Bitte**... se hicieron un lugar en mí, y lo tienen también aquí como reflejo. Y si ayer hablé de aquel jardín del elefante y los monjes, hoy traigo otro recuerdo. De la tarde en que descubrimos que nuestra pequenya ciudad alemana no tenía nada que envidiarle a cualquier ciudad costera, de esas que, melosas, se dejan lamer por las olas disfrutando del ir y venir. Bonn tiene mar. Y no me importa lo que digan los mapas... quizás no estén bien dibujados. O quien los trazó no supo encontrarlo.

Si vas a buscarlo, tienes que encontrar antes un ninyo pequenyo que seguramente se esconde en alguna parte de tu cabeza, sonriente, esperándote con paciencia, llamándote para que juegues con él. Y encontrar el lugar donde nace la risa, abrir el grifo allá en una de las paredes del estómago. Y la confianza en el otro. Y las ganas de sonyar y descubrir.

Como hacíamos nosotros, descubriéndonos mundos cada día, tú dibujándolos después y yo atrapándolos en palabras. Como hicimos aquella tarde de ojos vendados y caminos nuevos, de ir sin más rumbo que nuestros pies haciendo suya la ciudad desconocida, de manos que tanteaban las plantas, los muros de la pared, la estatua de Beethoven en el parque. Jugando a ser ciegos y ver a través del otro. Jugando a dejarnos llevar donde el otro quisiera, confiando absolutamente en él, a ciegas y sin miedo porque estábamos en sus manos y no había lugar más seguro. Y así, camino arriba y abajo, esto es una flor y esto parece hiedra, subo la cuesta de tu mano, la bajo, me estás haciendo dar vueltas sin sentido...

Era verdad, yo no conocía la ciudad y no sabía dónde estábamos pero jugaba a guiarte con mi mano, con mi voz, y te dejabas guiar; y yo sabía que tus ojos cerrados brillarían felices en cuanto los abrieras, y tu sonrisa iluminaba mis rincones y los alemanes con los que nos cruzábamos nos miraban con cara de reproche porque no entendían que fuéramos ninyos de veintitantos anyos, pero tú no los veías y yo sólo veía tu risa.

En ese sin rumbo caminamos y caminamos, ojos cerrados, fe ciega, cascadas de besos, derramando sonrisas. Y acabó sorprendiéndonos un olor que tuvimos que seguir, un olor a humedad salada, a arena, un olor que se escapaba de algún rincón de la imaginación y nos arrastraba a su paso.

Yo lo vi antes, con mis ojos abiertos... te guié hasta la orilla, todavía sin ver aunque ya se anunciaban las gaviotas. Nos sentamos juntos en la roca y ahí sí, miraste. Para encontrarte frente a un brazo desconocido del Rhin, enorme, inmenso, orilla de arena y gaviotas, sal en el aire. Me miraste -ojos tan brillantes como imaginaba- y me diste las gracias por haberte regalado el mar donde no pensabas encontrarlo. No hace falta mucho para saber que nos regalamos tantas cosas que no pensábamos encontrar...

Y ese recuerdo, que transcrito queda inevitablemente mucho más pobre de lo que fue porque no consigo volcar aquí la ternura de la tarde, los colores de las risas, la aventura a ciegas perdidos en una ciudad de sonidos raros... ese momento pasé a guardarlo en mi cajita de recuerdos-tesoro que calientan cuando hace frío. Ahí sigue, dando calor cuando el edredón no basta, acudiendo a mí cuando leo sobre mares encontrados de manera insospechada, trayendo de la mano la sonrisa que ahora mismo se dibuja en mis labios. Supongo que porque Muerte, de los Eternos, tenía razón, y "lo que ilumina todo son los momentos. Esos momentos que vives sin darte cuenta... son lo mejor de tu vida"***.

Hay un punto en Bonn donde acarician mar y gaviotas. Para llegar sólo hay que cerrar los ojos, confiar y abandonarse en una mano que te guíe, aunque ni ella misma conozca el camino. Y después... disfrutar del momento.

[*El Glühwein es algo como vino caliente al que se le anyade zumo, canela... y depende de la zona, más o menos cosas. El sabor recuerda a la sangría y se agradece muchísimo tomarlo caliente-caliente en medio del frío :-)
**Nadie sabe por qué los alemanes tienen la manía de echarle nata (sahne) a todo. Para mí fue básico aprender a decir "sin nata, por favor", y seguramente fue una de las frases que más repetí en ese país.
***Esto es una cita sacada del cómic "Lo mejor de tu vida", de Neil Gaiman, una de las miniseries posteriores a Sandman que tienen a Muerte como protagonista.]


La imagen que encabeza el post la encontré en ESTA GALERÍA

sábado, 28 de enero de 2006

Estatua de sal

Estatua de arena

Dicen en la aldea
que esa roca blanca es Ana,

cubierta de sal y de coral
espera en la playa.
No esperes más, ninya de piedra,
Miguel no va a volver...

El otro día, después de una conversación agradable, estuve dándole más vueltas a lo que habíamos hablado. Pensaba cómo a veces sólo nos fijamos en aquello que no podemos tener, porque fijarnos en lo que sí está a nuestro alcance supondría riesgos, miedos, sensaciones que no queremos afrontar. Nos quedamos acariciando con ternura el NO que ya tenemos en vez de lanzarnos a buscar posibles síes allá en la espesura de lo desconocido.

Mi manera de hacerlo es quedarme anclada en el pasado, hacer de él y de mis recuerdos mi mejor refugio. Convertirme en roca que espera eternamente en la playa, ninya de piedra cubierta de coral. Viviendo más en el pasado que en el hoy, un presente frío que no me gusta demasiado me pasa más desapercibido. Perdiendo toda posibilidad de construir un futuro más cálido, porque tendría que hacerlo desde un presente en el que en realidad no estoy, no quiero, no sé estar.

Decía Paul Watzlawick en uno de sus libros que aferrarse al pasado no deja tiempo para ocuparse del presente. En sus propias palabras...
Otra ventaja de aferrarse al pasado está en que no deja tiempo de ocuparse del presente. Si esto se hiciese, podría suceder muy bien que uno, por pura casualidad, en un viraje de 90 o hasta 180 grados de su ángulo visual, tuviese que comprobar que el presente no sólo le ofrece contrariedades suplementarias, sino también alguna que otra contra-contrariedad; no hablemos de muchas novedades que podrían hacer tambalear nuestro pesimismo adoptado una vez para siempre. En este punto, contemplamos con admiración a nuestra maestra ejemplar de la Biblia, la mujer de Lot —usted lo recuerda, ¿verdad?—. El ángel dijo a Lot y a su familia: «Escapa, por tu vida. No mires atrás, ni te detengas en toda la llanura...» Pero su mujer «miró atrás y se convirtió en estatua de sal» (Gen. 19, 17.26) [Paul Watzlawick - El arte de amargarse la vida]
Como la mujer de Lot, paradigma de la melancolía y la nostalgia, las ganas de volver la vista atrás siempre son muchas, aun sabiendo que corres el riesgo de paralizarte en ese gesto, mirada atrapada en el pasado, llevándote contigo.

Cuando llevas tiempo esperando algo que no llega... también te acostumbras. Da miedo esperar otras cosas, porque con ellas llegaría de nuevo la incertidumbre. Siendo ninya de arena en la playa has acabado entablando cierta amistad con la marea que viene, te moja, se va. Siendo mujer convertida en estatua de sal no notas que tus lágrimas también son saladas.

Los recuerdos son tu arma, lo has dicho muchas veces. Los recuerdos, tu pasado, es lo que te define. No quieres perderlo, no quieres perderte. Es sólo que a veces te preguntas si, cuidando tanto de que no se vaya quien fuiste, estarás dejando escapar a quien podrías llegar a ser.

[La imagen que encabeza el post está sacada de la Galería de Esculturas de Arena, a la que puedes acceder AQUÍ. El primer párrafo es una estrofa de la canción "Naturaleza Muerta", de Mecano. Y si quieres echarle un ojo al libro "El arte de amargarse la vida" de Watzlawick, lo tienes en PDF haciendo click en su título]