martes, 7 de marzo de 2006

Marzo II: Tu cumpleanyos

Se acerca tu cumpleanyos, el sexto que de una manera u otra nos encuentra cerca, aunque este cerca sea tan lejos. Vuelve a ser distinto. El anyo pasado había tantas senyales de prohibido que habías sembrado por el camino, que no pudimos hablar en Tu Día. Sorteando senyales, sólo pude lanzar a tu mar una botella sin firma que no reconociste (me sorprendió que no lo hicieras conociéndome tan bien como me conoces -supongo que no abriste los ojos, y al tacto es más difícil-.) Este anyo no hay senyales de stop - prohibido pasar - you're not welcome - cuidado con el perro, pero hay un silencio largo al que das de comer cada día a cambio de que no te abandone.

Creo que siempre he respetado tus decisiones aunque dejara de entenderlas hace demasiado. Pero el silencio es Tu Silencio, no mío. Y me conoces. Y sabes que, sin "prohibidos" que me lo impidan, marcaré tu número. Protegida, en mi entorno, en mi fuerte. Pero tu número. Y llevo días pensándolo, días preparándome, días limpiando la armadura que me obligas a ponerme en previsión de que la llamada desencadene uno de esos golpes que me rompen aun sin ser exactamente tu intención.

Y pienso que quizás me veas al otro lado de la pantalla y elijas no oír mi voz, apuntalar tu Silencio. Otra decisión que respetaría sin entenderla, acompanyando a la bolsa de Decisiones Extranyas, tan ajenas a lo que siempre has sido, que llevas tomadas en los últimos y no-tan-últimos tiempos. Yo sabré que te he llamado, que volví a enviar mi botella, y sabré que mi parte está hecha.

O quizá sí lo cojas -y creo que temo esto más, no reconocer tu voz, no descubrirte en la conversación-. En previsión de posibles monosílabos forzados, pensaré cuatro frases que pueda decirte si decides rodearte de hielo y escarcha. Cuatro frases que no romperán esos bloques de hielo (cuando un barco choca con un iceberg siempre es el barco el que se quiebra, nunca la montanya helada)... pero, con suerte, quizá impedirán que me congele yo. Quizá con esfuerzo consiga que sólo se congelen mis lágrimas, pedacitos de hielo en caída libre desde mis ojos brillantes.

Y en cualquier caso, tendré que volver a arroparme con futuros que nunca llegan, con promesas de encontrar la forma manyana, aunque manyana quede siempre tan lejos, horizonte que aparece siempre a la misma distancia por mucho que caminemos. Porque hoy seguimos (sigo / sigues) sin saber. Porque no nos encontramos. Ni siquiera en tu cumpleanyos.

Por si eliges enmudecerme, dejo aquí lo más importante: Sé feliz, mi ninyo, disfruta de este nuevo anyo, rodéate de gente que te quiera y te regale sonrisas y cielos por los que desplegar esas alas que no debes olvidar que tienes. Que este anyo sea Tu Anyo, que te acerques a tus suenyos y construyas otros suenyos nuevos que sigan siendo retos por los que levantarte cada manyana. Y que te descubras, cielo, que no te dé miedo ser Tú, seas quien seas -incluso si fueras otro distinto al ninyo que una vez, hace tanto, me enamoró-.

[Marzo I sería hoy mismo. El mismo día de hace unos anyos descubrimos nuestra imagen al lado de una fuente que sería testigo del encuentro entre una ninya-no-ninya y un senyor-no-senyor que se sorprenderían más tarde siendo seres alados, constructores de sonrisas, magos. Aunque ellos no lo sabían.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos*]


[*con permiso del maestro Benedetti]

Marzo II: Tu cumpleanyos

Se acerca tu cumpleanyos, el sexto que de una manera u otra nos encuentra cerca, aunque este cerca sea tan lejos. Vuelve a ser distinto. El anyo pasado había tantas senyales de prohibido que habías sembrado por el camino, que no pudimos hablar en Tu Día. Sorteando senyales, sólo pude lanzar a tu mar una botella sin firma que no reconociste (me sorprendió que no lo hicieras conociéndome tan bien como me conoces -supongo que no abriste los ojos, y al tacto es más difícil-.) Este anyo no hay senyales de stop - prohibido pasar - you're not welcome - cuidado con el perro, pero hay un silencio largo al que das de comer cada día a cambio de que no te abandone.

Creo que siempre he respetado tus decisiones aunque dejara de entenderlas hace demasiado. Pero el silencio es Tu Silencio, no mío. Y me conoces. Y sabes que, sin "prohibidos" que me lo impidan, marcaré tu número. Protegida, en mi entorno, en mi fuerte. Pero tu número. Y llevo días pensándolo, días preparándome, días limpiando la armadura que me obligas a ponerme en previsión de que la llamada desencadene uno de esos golpes que me rompen aun sin ser exactamente tu intención.

Y pienso que quizás me veas al otro lado de la pantalla y elijas no oír mi voz, apuntalar tu Silencio. Otra decisión que respetaría sin entenderla, acompanyando a la bolsa de Decisiones Extranyas, tan ajenas a lo que siempre has sido, que llevas tomadas en los últimos y no-tan-últimos tiempos. Yo sabré que te he llamado, que volví a enviar mi botella, y sabré que mi parte está hecha.

O quizá sí lo cojas -y creo que temo esto más, no reconocer tu voz, no descubrirte en la conversación-. En previsión de posibles monosílabos forzados, pensaré cuatro frases que pueda decirte si decides rodearte de hielo y escarcha. Cuatro frases que no romperán esos bloques de hielo (cuando un barco choca con un iceberg siempre es el barco el que se quiebra, nunca la montanya helada)... pero, con suerte, quizá impedirán que me congele yo. Quizá con esfuerzo consiga que sólo se congelen mis lágrimas, pedacitos de hielo en caída libre desde mis ojos brillantes.

Y en cualquier caso, tendré que volver a arroparme con futuros que nunca llegan, con promesas de encontrar la forma manyana, aunque manyana quede siempre tan lejos, horizonte que aparece siempre a la misma distancia por mucho que caminemos. Porque hoy seguimos (sigo / sigues) sin saber. Porque no nos encontramos. Ni siquiera en tu cumpleanyos.

Por si eliges enmudecerme, dejo aquí lo más importante: Sé feliz, mi ninyo, disfruta de este nuevo anyo, rodéate de gente que te quiera y te regale sonrisas y cielos por los que desplegar esas alas que no debes olvidar que tienes. Que este anyo sea Tu Anyo, que te acerques a tus suenyos y construyas otros suenyos nuevos que sigan siendo retos por los que levantarte cada manyana. Y que te descubras, cielo, que no te dé miedo ser Tú, seas quien seas -incluso si fueras otro distinto al ninyo que una vez, hace tanto, me enamoró-.

[Marzo I sería hoy mismo. El mismo día de hace unos anyos descubrimos nuestra imagen al lado de una fuente que sería testigo del encuentro entre una ninya-no-ninya y un senyor-no-senyor que se sorprenderían más tarde siendo seres alados, constructores de sonrisas, magos. Aunque ellos no lo sabían.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos*]


[*con permiso del maestro Benedetti]

domingo, 5 de marzo de 2006

Anidando

Anido en la inmensidad de mi alma difusa. Encorvo mi cuerpo haciéndolo un ovillo en lo que quizás sea desdicha. De vez en cuando levanto la cabeza y asomo mis ojos vidriosos por encima de las hojas del zarzal dentro del cual me estoy construyendo a mí mismo. Miro, observo la distancia escudriñándome por dentro. La brisa, el sol ambale, hacen que a veces me venga la decisión de aventurarme a batir de nuevo mis escuálidas alas tiznadas de mugre, apelmazadas por el desuso. Esos momentos de alboroto emocional, acaban siempre por ser el inicio de otro encogimiento peor que al anterior, de otro volver a ser lo que sólo soy; un pájaro asustado por la luz.
Si tengo frío, anido.
Si tengo miedo, también anido.
Y de qué me alimento?.
Pues del recuerdo del pasado, únicamente.

jueves, 2 de marzo de 2006

Marzo strikes back

Mourning Wood Tears, de Luke Chueh

El anyo pasado pensaste que si cerrabas la puerta bien fuerte, que si la atrancabas con unas cuantas sillas y echabas el Candado de las Siete Llaves, Marzo no encontraría la manera de entrar en ti. Que si no hacías caso al timbre dejaría de sonar. Que si no te atrevías a asomarte a la mirilla no verías a nadie, y a lo mejor... no habría nadie. Que si te escondías lejos de tu mes fantasma, no te encontraría.

Y te equivocaste, claro. Dio contigo y te hizo chiquita, te inundó de lágrimas encarnadas y transparentes, se llevó tu aire y te llenó de punyales, algunos días los punyales de siempre, los días clave, punyales de oro sólo para tus entranyas, regalo personalizado, sólo para tus ojos. Marzo fue, como sólo él sabe serlo, el principio de un Fin que acabarías firmando suplicando un respiro, un descanso que no sabías darte de otra manera, bandera blanca, vencida.

Este anyo pensaste que si no mirabas el calendario los meses no se sucederían, que si no lo nombrabas Marzo olvidaría quién era, quién es, qué poder tiene sobre ti. Pensaste que si hacías planes tu mes fantasma no impondría los suyos, que si te rodeabas de gente que siembra sonrisas en ti, no habría sitio para las sombras asesinas que este mes siempre invita a tu casa.

Y te equivocaste, claro. Porque los días siguen ahí, en el calendario, amenazantes. Porque piensas en conversaciones que vendrán y sabes que no encontrarás las palabras. Porque los aniversarios que se acercan se llevaron tu ropa la otra noche y esperas desnuda, helada. Porque estás tan blandita que conviertes en dagas envenenadas lo que sólo son gestos, y harás verdaderas bombas de los ataques por venir. Porque nunca te sientes tan sola como cuando lloras sola.

Porque vuelves a recordar aquella sensación de la que van a cumplirse diez anyos, cuando te creíste vencedora a tu manera, la única manera en que sabes ganar la continua pelea con tus demonios. Recuerdas, y echas de menos. Y nada te acaricia como te acarició Ella aquella noche, ninguna promesa al oído lleva tanta paz. Y sabes que no es tu camino, que sólo puedes seguir andando, pero si siempre es difícil, nunca la cuesta arriba es como la de este mes. Nunca el viento corta tanto tu rostro. Nunca hay tantas zancadillas, tanto tropiezo, tanta herida abierta.

La prueba, esta tarde. A Marzo le han bastado dos días para ganarte la primera batalla. Y tiene más de treinta... yo no apostaría por ti.

(Gritos en silencio, para nadie, para nada. Comopuedesdecireso's.)

[La imagen que encabeza este post se llama Mourning Wood - Tears, del artista Luke Chueh. Tiene una galería más que interesante que puedes visitar haciendo click AQUÍ. Gracias a pezhammer
por dármelo a conocer]

Marzo strikes back

Mourning Wood Tears, de Luke Chueh

El anyo pasado pensaste que si cerrabas la puerta bien fuerte, que si la atrancabas con unas cuantas sillas y echabas el Candado de las Siete Llaves, Marzo no encontraría la manera de entrar en ti. Que si no hacías caso al timbre dejaría de sonar. Que si no te atrevías a asomarte a la mirilla no verías a nadie, y a lo mejor... no habría nadie. Que si te escondías lejos de tu mes fantasma, no te encontraría.

Y te equivocaste, claro. Dio contigo y te hizo chiquita, te inundó de lágrimas encarnadas y transparentes, se llevó tu aire y te llenó de punyales, algunos días los punyales de siempre, los días clave, punyales de oro sólo para tus entranyas, regalo personalizado, sólo para tus ojos. Marzo fue, como sólo él sabe serlo, el principio de un Fin que acabarías firmando suplicando un respiro, un descanso que no sabías darte de otra manera, bandera blanca, vencida.

Este anyo pensaste que si no mirabas el calendario los meses no se sucederían, que si no lo nombrabas Marzo olvidaría quién era, quién es, qué poder tiene sobre ti. Pensaste que si hacías planes tu mes fantasma no impondría los suyos, que si te rodeabas de gente que siembra sonrisas en ti, no habría sitio para las sombras asesinas que este mes siempre invita a tu casa.

Y te equivocaste, claro. Porque los días siguen ahí, en el calendario, amenazantes. Porque piensas en conversaciones que vendrán y sabes que no encontrarás las palabras. Porque los aniversarios que se acercan se llevaron tu ropa la otra noche y esperas desnuda, helada. Porque estás tan blandita que conviertes en dagas envenenadas lo que sólo son gestos, y harás verdaderas bombas de los ataques por venir. Porque nunca te sientes tan sola como cuando lloras sola.

Porque vuelves a recordar aquella sensación de la que van a cumplirse diez anyos, cuando te creíste vencedora a tu manera, la única manera en que sabes ganar la continua pelea con tus demonios. Recuerdas, y echas de menos. Y nada te acaricia como te acarició Ella aquella noche, ninguna promesa al oído lleva tanta paz. Y sabes que no es tu camino, que sólo puedes seguir andando, pero si siempre es difícil, nunca la cuesta arriba es como la de este mes. Nunca el viento corta tanto tu rostro. Nunca hay tantas zancadillas, tanto tropiezo, tanta herida abierta.

La prueba, esta tarde. A Marzo le han bastado dos días para ganarte la primera batalla. Y tiene más de treinta... yo no apostaría por ti.

(Gritos en silencio, para nadie, para nada. Comopuedesdecireso's.)

[La imagen que encabeza este post se llama Mourning Wood - Tears, del artista Luke Chueh. Tiene una galería más que interesante que puedes visitar haciendo click AQUÍ. Gracias a pezhammer
por dármelo a conocer]

miércoles, 1 de marzo de 2006

Falsos recuerdos


(...) Aquel verano me proporcionó los días más gozosos de mi vida. Fui feliz viendo como su indiferencia hacia mí comenzaba a suponerle cierto esfuerzo; notando como de vez en cuando me mostraba una sonrisa sincera y gratuita; como toleraba que yo le mimase y le tratase a cuerpo de rey cada minuto de nuestra intensa cotidianidad; y como me permitía, por ejemplo, tomarme la libertad y el atrevimiento de acudir, como broma privada y socorrida, a reprocharle que aquel sofá que finalmente trajo a casa, no era exactamente del mismo color verde que con tanta gracia me discutió en el café, la tarde aquella en la que di por hecho que era mío para el resto de mis días.
Pero aquella sumisa felicidad, duró lo que lo hizo el buen tiempo. Con las primeras tardes de otoño, cuando las tempranas lluvias comenzaron a refrescar y a purificar el tórrido ambiente que nos había dejado en depósito el estío, cuando el nuevo curso no había hecho más que comenzar, Arturo se fue de casa sin darme más explicaciones que las que me proporcionó mi nombre escrito en un sobre, en cuyo interior, encontré el dinero para el pago de dos meses de alquiler.
Ya han pasado unos meses.
El invierno viene siendo duro en la ciudad. El barrio ha recobrado la solemne quietud del que aguarda resignado la llegada de los buenos tiempos. Desde hace varias semanas, la culpabilidad que arrastro hace baldío el constante enjugar de mis ojos. Después de desatender durante todo el día la exclusiva tarea de sobrevivir, bien entrada la noche, acabo aceptando como consuelo el hecho de que estoy estigmatizada por un destino reservado tan solo a las hembras de mi familia, que es mucho más poderoso que todo mi empeño y dedicación por eludirlo y, por el estrecho margen de un par de horas, consigo dormir de puro agotamiento.
Sentada en el café de la esquina de la que fuera nuestra calle, espero que un taxi me lleve a la estación. Ha llegado a mis oídos que mi madre se muere de soledad, por ello, he decidido regresar al pueblo y soportar allí, con todo sometimiento, la humillación por mi fracaso.
Hace mucho tiempo que en esta ciudad no luce el sol y que mi sombra se confunde con la oscuridad diurna que todo lo cubre. La lluvia, persistente, se empeña en borrar las huellas de mi felicidad y ahora lo empapa todo; la calle, el interior del café y mi rostro de mujer abandonada...

domingo, 26 de febrero de 2006

Naufragio

Naufragio de los patitos de goma

Trazas un plan, lo piensas detenidamente, lo repiensas hasta que reúnes suficiente valor como para lanzarte de cabeza y finalmente te decides. Emprendes el viaje, sonrisa en los labios, maleta en la mano, destino senyalizado sobre el mapa, estrellita roja que dibujas en la ciudad que te espera. No te has lanzado nunca antes al mar así, pero lo haces porque crees en el viaje.

Y llega la tormenta, de noche, como hacen todas las tormentas, traidoras. Piensas si debiste de haberlo supuesto, si el cielo gris debiera haber sido senyal de alarma, piensas en lo que debiste ver y no viste. Pero no importa ya, la tormenta está sobre tu cabeza, sobre tu barco que se hace chiquito y parece mucho más endeble de lo que supusiste al subir en él.

Y naufragas, claro. El barco se anega, lloras de miedo y tus lágrimas suben aún más rápido el nivel del agua, las velas se rasgan y el timón se pierde -y tú con él-. Te golpeas contra la pared, te clavas una madera rota que te hace sangrar, el viento arrecia y en una de las sacudidas acabas lanzada a las aguas heladas de un mar embravecido, asesino.

Piensas que está todo perdido. No lamentas haber emprendido el viaje porque creías en él, pero sabes que la ciudad ya no te espera, no vas a llegar. Te preguntas cómo será dormirse arrastrada por la corriente, cómo será la sensación de tus pulmones cambiando oxígeno por agua. Primero tienes miedo, luego sólo eres tristeza, más tarde resignación. Te hundes, te ahogas, te vas.

...pero no sabes cómo, no podrías explicar cómo lo hiciste, cómo encontraste la manera después de rendirte... pero te descubres flotando. Sin rumbo, por supuesto, no pides imposibles... pero flotas. Y a veces una ola viene y te pasa por encima, y toses, agua en la nariz, ojos que pican... pero flotas. Sorprendente. Sabes nadar, incluso en un mar hostil.

Y así pasa tiempo, y más tiempo y más tiempo aún. En el que simplemente flotas sin saber hacia dónde, sólo navegas a la deriva sin hundirte, a veces luchando contra un mar que se alza salvaje, a veces dejándote mecer por las olas suaves que deciden tu camino.

Y tras mucho tiempo, y más tiempo y más tiempo aún... sorprendes la costa en la lejanía. Sin poder creerlo, ves que las olas te arrastran hacia allí. Te miras y ya no eres la Tú que emprendió el viaje ilusionada, estás descolorida, cansada, has dejado mucho de ti en el Naufragio... pero no te has perdido -no del todo-. Seguiste el camino de la única manera que encontraste, sólo flotando, y hoy llegas a un destino que no era el inicial, pero que también sabe acogerte.

Porque cuando pierdes tu Destino, quizá -sólo quizá-, hay otros Destinos que puedes hacer propios. Porque incluso tras un Naufragio quizá -sólo quizá- hay maneras de reemprender tu Viaje. Me lo ha dicho un patito de goma...

[En enero de 1992, un barco cargado de patitos de goma amarillos, entre otros juguetes, naufragó en el Atlántico en medio de una tormenta, perdiendo parte de su carga. Desde entonces, los patitos comenzaron un viaje alternativo al inicialmente previsto, flotando sin rumbo, dejándose llevar por las corrientes marinas. Un grupo de oceanógrafos siguió su pista, y se valieron del camino que trazaban los patos para estudiar dichas corrientes marinas, contando con la colaboración popular de gente anónima que informaba cuando en una costa se producían nuevos hallazgos de patitos de goma amarillos varados en la arena, finalizado su viaje.

Catorce anyos después, sigue habiendo patos provenientes de aquel naufragio que tocan tierra en distintos puntos del planeta. Siguiendo su camino, se ha visto que han cruzado placas de hielo, el Atlántico entero, muchos han llegado a Alaska y más allá... y seguro que más de uno ha provocado una sonrisa, patito que encuentra su Destino allá donde no pensó llegar, ninyo que descubre un regalo inesperado entre las olas.

Post obviamente inspirado por la historia real del naufragio de los patitos de goma, según cuenta el anuncio de la última campanya de Seat, y según han recogido artículos de periódicos o varios blogs.]