jueves, 29 de junio de 2006

Manzanas

Mi hermano dice que me estoy equivocando, y es de los que luego te saltan con el "ya te lo dije" que no sirve de nada pero se clava en quien lo escucha. Y puede que tenga razón y me esté equivocando... pero voy a seguir haciéndolo, sólo por probar, sólo por si acaso.

Él dice que uno debería protegerse siempre de quien le ha hecho mucho danyo, sin pensar en segundas, terceras o cuartas oportunidades. Que si hay treguas, sólo podrán ser treguas-trampa, quizás por cansancio o por conocerme mejor para que luego los ataques sean más certeros. Dice que me prepare, que vuelva a la armadura, que esté en guardia y no me acerque por terrenos pantanosos. Que el miedo no es bueno pero que protege, y que Juan Sin Miedo tuvo demasiados problemas por incauto, por no saber de precauciones. Dice que si me están regalando una manzana, inevitablemente estará envenenada, que la tire lejos, que no la tome de las mismas manos que ayer clavaban hasta la empunyadura espadas afiladas.

Yo sé que quiere protegerme, yo sé que me quiere y que la gente que haya podido ver el danyo pasado podría tener motivos para preocuparse ahora... pero hay mucho por ganar. Y él contesta que también mucho por perder, que mi estabilidad siempre es demasiado precaria, que no me arriesgue. Y yo pienso que si no arriesgas nunca, nunca ganas, aunque tampoco pierdas... y que lo que hay por perder (yo) es mucho menos importante que lo que habría por ganar.

Y veo la manzana en sus manos, roja, apetecible... y me acuerdo de Muerte en El Alto Coste de la Vida, cuando en ese único día que tiene cada cien anyos para disfrutarlo junto a los vivos y paladear sus sensaciones, toma una manzana y la muerde saboreándola bien, y le pregunta al chico si no le parece increíble cómo saben, y la textura; y cuando muerdes, crujen y el jugo te llena la boca; es del todo increíble.

Cierro los ojos, tomo la manzana de sus manos, la muerdo. Si mi hermano tiene razón, ya me acercaré al médico a por el antídoto, y tendré un "te avisé" de regalo esperándome en casa...

Manzanas

Mi hermano dice que me estoy equivocando, y es de los que luego te saltan con el "ya te lo dije" que no sirve de nada pero se clava en quien lo escucha. Y puede que tenga razón y me esté equivocando... pero voy a seguir haciéndolo, sólo por probar, sólo por si acaso.

Él dice que uno debería protegerse siempre de quien le ha hecho mucho danyo, sin pensar en segundas, terceras o cuartas oportunidades. Que si hay treguas, sólo podrán ser treguas-trampa, quizás por cansancio o por conocerme mejor para que luego los ataques sean más certeros. Dice que me prepare, que vuelva a la armadura, que esté en guardia y no me acerque por terrenos pantanosos. Que el miedo no es bueno pero que protege, y que Juan Sin Miedo tuvo demasiados problemas por incauto, por no saber de precauciones. Dice que si me están regalando una manzana, inevitablemente estará envenenada, que la tire lejos, que no la tome de las mismas manos que ayer clavaban hasta la empunyadura espadas afiladas.

Yo sé que quiere protegerme, yo sé que me quiere y que la gente que haya podido ver el danyo pasado podría tener motivos para preocuparse ahora... pero hay mucho por ganar. Y él contesta que también mucho por perder, que mi estabilidad siempre es demasiado precaria, que no me arriesgue. Y yo pienso que si no arriesgas nunca, nunca ganas, aunque tampoco pierdas... y que lo que hay por perder (yo) es mucho menos importante que lo que habría por ganar.

Y veo la manzana en sus manos, roja, apetecible... y me acuerdo de Muerte en El Alto Coste de la Vida, cuando en ese único día que tiene cada cien anyos para disfrutarlo junto a los vivos y paladear sus sensaciones, toma una manzana y la muerde saboreándola bien, y le pregunta al chico si no le parece increíble cómo saben, y la textura; y cuando muerdes, crujen y el jugo te llena la boca; es del todo increíble.

Cierro los ojos, tomo la manzana de sus manos, la muerdo. Si mi hermano tiene razón, ya me acercaré al médico a por el antídoto, y tendré un "te avisé" de regalo esperándome en casa...

viernes, 23 de junio de 2006

Y si...?

Y si pudiéramos cambiar el sentido de los "y si's" que solemos pensar, y construirlos en positivo?

Y si estuviéramos empezando una racha buena, con esfuerzos, claro, pero dejando atrás barreras que pensábamos casi eternas?

Y si, una vez que el miedo (o uno de ellos) tiene cara, y ojos, y manos, y hasta sonrisa, vemos que no es tan temible, que no tiene tanto poder, que podemos plantarnos frente a frente y que salga bien, que no haya gritos, ni sangre ni cabezas que ruedan por el suelo, ira desatada?

Y si una vez enfrentado, vemos que somos más grandes que el miedo, que era un gigante en nuestra cabeza como lo eran los molinos en la de Don Quijote?

Y si, sabiendo que el danyo pasado fue real, tangible, enorme... damos una oportunidad a que se quede en el pasado y no condicione más nuestro presente?

Y si damos una oportunidad y creemos que la gente puede cambiar, que incluso yo misma puedo cambiar?

Me cuesta pensar en hipótesis futuras positivas, pero ayer estuve contenta y fui capaz de enfrentar uno de mis mayores miedos, y creo que estamos en el camino de construir algo bueno. Y una vocecita insidiosa me dice desde el fondo de mi cabeza que me mantenga en guardia, que no lance las campanas al vuelo, pero es demasiado tarde porque, inevitablemente, mis campanas tintinean ya en las nubes, siendo música con la que danzan las mariposas que estaban atrapadas en un puzzle, hoy liberadas del pánico que las atenazaba, al menos en parte.

A lo mejor debería tener más cuidado, ser más precavida. O a lo mejor, simplemente, debería disfrutar de la sensación.

Y creer en mi manyana, para variar.

[La imagen que encabeza este post es Mariposas, de M. C. Escher, el artista de las ilusiones ópticas. Encuentras su página oficial AQUÍ]

Y si...?

Y si pudiéramos cambiar el sentido de los "y si's" que solemos pensar, y construirlos en positivo?

Y si estuviéramos empezando una racha buena, con esfuerzos, claro, pero dejando atrás barreras que pensábamos casi eternas?

Y si, una vez que el miedo (o uno de ellos) tiene cara, y ojos, y manos, y hasta sonrisa, vemos que no es tan temible, que no tiene tanto poder, que podemos plantarnos frente a frente y que salga bien, que no haya gritos, ni sangre ni cabezas que ruedan por el suelo, ira desatada?

Y si una vez enfrentado, vemos que somos más grandes que el miedo, que era un gigante en nuestra cabeza como lo eran los molinos en la de Don Quijote?

Y si, sabiendo que el danyo pasado fue real, tangible, enorme... damos una oportunidad a que se quede en el pasado y no condicione más nuestro presente?

Y si damos una oportunidad y creemos que la gente puede cambiar, que incluso yo misma puedo cambiar?

Me cuesta pensar en hipótesis futuras positivas, pero ayer estuve contenta y fui capaz de enfrentar uno de mis mayores miedos, y creo que estamos en el camino de construir algo bueno. Y una vocecita insidiosa me dice desde el fondo de mi cabeza que me mantenga en guardia, que no lance las campanas al vuelo, pero es demasiado tarde porque, inevitablemente, mis campanas tintinean ya en las nubes, siendo música con la que danzan las mariposas que estaban atrapadas en un puzzle, hoy liberadas del pánico que las atenazaba, al menos en parte.

A lo mejor debería tener más cuidado, ser más precavida. O a lo mejor, simplemente, debería disfrutar de la sensación.

Y creer en mi manyana, para variar.

[La imagen que encabeza este post es Mariposas, de M. C. Escher, el artista de las ilusiones ópticas. Encuentras su página oficial AQUÍ]

jueves, 22 de junio de 2006

Prioridades

A Perra-Foca no le gustan los animales.
Ya lo comenté.
Pero siempre existen las excepciones.
Su excepción es un Carlino con el que mantiene una relación matutina en el parque.
Se deja olisquear por él y en ocasiones, cuando ella debe considerar que lo merece, le da un lametón en el morro.
Esta mañana su historia de amor ha sufrido un pequeño revés.
Sólo hay una cosa que le guste más a la Perra- Foca que los balones, las botellas de plástico.
Cuando el Carlino ha llegado ella paseaba orgullosa, botella recién adquirida en boca.
Él se ha acercado a saludarla y ella ha interpretado que le iba a robar su preciado juguete.
Perra-Foca ha gruñido y él se ha alejado cabizbajo, a emborracharse probablemente.
Perra-Foca no se entrega.
Tiene sus prioridades y la fundamental no es el amor.
¿Pero a quién habrá salido?

martes, 20 de junio de 2006

Imaginando... (te)

A veces imagino que, después de todo el tiempo y tantas cosas como han pasado, nos reencontramos y tenemos conversaciones francas, sin escondites, sin juegos, sin reproches, sin miedos. Momentos llenos de la complicidad de quienes han compartido mucho y se han querido por encima de distancias, de barreras que nosotros convertimos en oportunidades de crecer juntos, de volar juntos, de descubrirnos nuevos pedazos de cielo. Miradas llenas del carinyo que los dos nos seguimos teniendo, aunque no lo diga, aunque tú lo calles, carinyo en silencio y aún así se oye perfectamente.

A veces imagino que acabamos con los ahorasí-ahorano, con los tira y afloja, con los vete-y-ven; y que, tan sencillo y complicado, reaprendemos cómo estar cerca sin taparnos el camino el uno al otro, dejándonos andar en companyía de otras personas pero sin que éstas marquen cuándo y cómo tenemos que encontrarnos. E imagino que no nos sentimos responsables el uno del otro, ni víctimas ni verdugos, ya no más. Y que nos confiamos y nos contamos los miedos que tenemos, porque poca gente te conoce tan bien como yo te conozco, poca gente sabe tanto de mí como tú sabes.

A veces imagino, ninyo, que quedamos de nuevo en la fuente de Callao y que cuando me ves llegar nos sale una sonrisa a los dos a la vez, fuera máscaras, y que empezamos a hablar y al rato olvidamos qué son los relojes, y te cuento y me cuentas, y sonrío y sonríes, pregunto y respondes, preguntas, respondo... Y en algún momento de la conversación hablaríamos de este tiempo, de las ausencias impuestas o escogidas, de los danyos innecesarios y de los ataques permitidos, brazos cruzados y ojos que miran hacia otro lado a sabiendas de lo que sucede. Y tú dirías "lo siento" y yo diría "ya no importa", porque sería cierto, porque no quiero más reproches, porque un lo siento basta para perdonarte, porque seguramente ya lo he hecho hace tiempo. Y podríamos seguir desde ahí, los dos iguales, aprendiendo una manera nueva de acompanyarnos, de reconstruir nuestro vínculo, no el de ayer sino el de manyana, que es el que vale.

A veces imagino que después de tiempo de silencios, un día llamas contestando un correo electrónico con un chiste sobre esos alemanes que te tuvieron tanto tiempo de su lado, tan cívicos ellos, tan cabecicubos. Y que me pongo nerviosa porque hace tanto que no te oigo, y porque no estoy segura de qué quieres, si volver a poner senyales de prohibido pasar o quitar las que quedan (o ninguna de las dos opciones), y porque no sé si sabré hacerlo bien, si es el principio de la reconstrucción, o casualidad o un intento que puede que acabe en fracaso. Pero aún así imagino que llamas y, entre nervios compartidos, decidimos vernos, darnos una oportunidad de ser civilizados y de encontrar caminos que llevan escondiéndose de nuestros pies demasiados días, meses, estaciones enteras.

Y cuando creo en ti, en mí en nosotros... nos imagino capaces de hacerlo. Porque el carinyo tiene que pesar más, la ternura tiene que poder sobre el resto. Porque me es imposible no creer en ti, en mí, en nosotros... si no hoy, manyana, si no manyana, al otro.

A veces imagino, porque el primer paso para construir un futuro distinto del presente pasa siempre por haber sido capaz de imaginarlo. A veces imagino, ninyo, y busco un diente de león en cualquier parque, pido un deseo, soplo... y tú llamas.

Imaginando... (te)

A veces imagino que, después de todo el tiempo y tantas cosas como han pasado, nos reencontramos y tenemos conversaciones francas, sin escondites, sin juegos, sin reproches, sin miedos. Momentos llenos de la complicidad de quienes han compartido mucho y se han querido por encima de distancias, de barreras que nosotros convertimos en oportunidades de crecer juntos, de volar juntos, de descubrirnos nuevos pedazos de cielo. Miradas llenas del carinyo que los dos nos seguimos teniendo, aunque no lo diga, aunque tú lo calles, carinyo en silencio y aún así se oye perfectamente.

A veces imagino que acabamos con los ahorasí-ahorano, con los tira y afloja, con los vete-y-ven; y que, tan sencillo y complicado, reaprendemos cómo estar cerca sin taparnos el camino el uno al otro, dejándonos andar en companyía de otras personas pero sin que éstas marquen cuándo y cómo tenemos que encontrarnos. E imagino que no nos sentimos responsables el uno del otro, ni víctimas ni verdugos, ya no más. Y que nos confiamos y nos contamos los miedos que tenemos, porque poca gente te conoce tan bien como yo te conozco, poca gente sabe tanto de mí como tú sabes.

A veces imagino, ninyo, que quedamos de nuevo en la fuente de Callao y que cuando me ves llegar nos sale una sonrisa a los dos a la vez, fuera máscaras, y que empezamos a hablar y al rato olvidamos qué son los relojes, y te cuento y me cuentas, y sonrío y sonríes, pregunto y respondes, preguntas, respondo... Y en algún momento de la conversación hablaríamos de este tiempo, de las ausencias impuestas o escogidas, de los danyos innecesarios y de los ataques permitidos, brazos cruzados y ojos que miran hacia otro lado a sabiendas de lo que sucede. Y tú dirías "lo siento" y yo diría "ya no importa", porque sería cierto, porque no quiero más reproches, porque un lo siento basta para perdonarte, porque seguramente ya lo he hecho hace tiempo. Y podríamos seguir desde ahí, los dos iguales, aprendiendo una manera nueva de acompanyarnos, de reconstruir nuestro vínculo, no el de ayer sino el de manyana, que es el que vale.

A veces imagino que después de tiempo de silencios, un día llamas contestando un correo electrónico con un chiste sobre esos alemanes que te tuvieron tanto tiempo de su lado, tan cívicos ellos, tan cabecicubos. Y que me pongo nerviosa porque hace tanto que no te oigo, y porque no estoy segura de qué quieres, si volver a poner senyales de prohibido pasar o quitar las que quedan (o ninguna de las dos opciones), y porque no sé si sabré hacerlo bien, si es el principio de la reconstrucción, o casualidad o un intento que puede que acabe en fracaso. Pero aún así imagino que llamas y, entre nervios compartidos, decidimos vernos, darnos una oportunidad de ser civilizados y de encontrar caminos que llevan escondiéndose de nuestros pies demasiados días, meses, estaciones enteras.

Y cuando creo en ti, en mí en nosotros... nos imagino capaces de hacerlo. Porque el carinyo tiene que pesar más, la ternura tiene que poder sobre el resto. Porque me es imposible no creer en ti, en mí, en nosotros... si no hoy, manyana, si no manyana, al otro.

A veces imagino, porque el primer paso para construir un futuro distinto del presente pasa siempre por haber sido capaz de imaginarlo. A veces imagino, ninyo, y busco un diente de león en cualquier parque, pido un deseo, soplo... y tú llamas.