domingo, 23 de abril de 2006

Introspección (muy) friki

Anillo Único lanzado al Monte del Destino

Hace unas semanas tuve una conversación con mi hermano que me hizo reír, y que supe que acabaría aquí. Era marzo, mes que es siempre comienzo de todos mis finales, ya lo he dicho muchas veces. Me resiento con las fechas, crujo, me rompo en trocitos que luego no sé volver a juntar. Y comía con mi hermano un domingo de este mes de marzo cuando me dijo que mi problema era llevar al extremo a la friki que hay en mí. Ante mi mirada de incomprensión, el friki que hay en él, que es mucho más grande que el que yo llevo dentro, empezó a casi recitar de memoria párrafos de El Senyor de los Anillos... y vaya hombre, Tolkien hablaba de mí.

Porque hay dos acontecimientos cruciales en la vida de Frodo, además de ser quien lleva la pesada carga del Anillo Único, que no puede compartir (como pasa con las verdaderas cargas, que nos son absolutamente propias y no podemos descargarlas en otros hombros, incluso si tenemos la suerte de tener a un Sam leal como nadie cerca). Uno, la herida en la Cima de los Vientos. Un 6 de octubre, el Rey de los Nazgul le clava en el hombro derecho un punyal de Morgul, cuya hoja se rompe y queda dentro de la herida hasta que Elrond la extrae... Frodo nunca supera del todo esa herida, sintiendo de cuando en cuando el frío helado que le rompió por dentro... y es más:
Una noche Sam entró en el estudio y encontró a su amo muy extranyo. Estaba palidísimo, con la mirada perdida en cosas muy lejanas.
-¿Qué le pasa, senyor Frodo? -dijo Sam.
-Estoy herido -dijo Frodo-, herido; nunca curaré del todo.
Pero luego se levantó, y pareció que el malestar había desaparecido, y al otro día era de nuevo el Frodo de siempre. Sólo más tarde reparó Sam en la fecha: seis de Octubre. Dos anyos antes, ese mismo día, se había hecho la oscuridad en la hondanada de la Cima de los Vientos.
Fechas, fechas... y hay más. Porque otro gran acontecimiento en la vida de Frodo fue la propia destrucción del Anillo en el Monte del Destino. Sucedió un trece de marzo, y al anyo siguiente, al repetirse la fecha, de nuevo Frodo sufrió una crisis, fechas, fechas...

(...) por estar lejos de Hobbiton a comienzos de Marzo, no supo que Frodo había estado enfermo. El trece de ese mes el granjero Coto encontró a Frodo tendido en la cama; aferraba una piedra blanca que llevaba al cuello suspendida de una cadena, y hablaba como en suenyos.- Ha desaparecido para siempre -decía- y ahora todo ha quedado ha quedado oscuro y desierto.
Pero la crisis pasó, y al regreso de Sam el veinticinco, Frodo se había recobrado, y no le dijo nada de él mismo.
Y mi hermano el otro día me dijo eso, que al final lo que me pasa es que soy como Frodo. Que cada anyo revivo todos los dolores de los anyos pasados, acumulados. Que no dejo atrás el pasado arrojado al Monte del Destino, ni la herida del Nazgul en la Cima de los Vientos. Que es difícil pero que no soy tan rara, que al fin y al cabo, Tolkien ya hablaba de mí ;-)


Nos reímos de las similitudes, nos reímos sobre todo del par de frikis que somos...

...y a ratos pienso, dada mi tendencia al melodrama, que al final, a Frodo todo le dolió demasiado, y la Tierra Media se le volvió ajena y no encontró más camino que partir a los Puertos y embarcar con los elfos lejos, más allá de su mundo, donde el pasado no le persiguiera, donde no hubiera seises de octubre ni treces de marzo, ni heridas que nunca curan. Porque quizá hay dolores que son demasiado lastre, y danyos irrecuperables.

(...aunque Sam sí encontró su manera, se adentró en las mismas tierras de Mordor y supo después recuperar la tranquilidad y el verde fresco de la Comarca...)

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