lunes, 16 de marzo de 2009

Desmemoria

En ese pequenyo gran libro que es "El libro de los abrazos", de Eduardo Galeano (ya le he traído por aquí otras veces), encontraba hace algunas semanas una historia cortita que pensé en acercar al blog. He pensado que hoy era un buen momento para recuperarla. Dice así:

La Desmemoria (1)

Estoy leyendo una novela de Louise Erdrich. A cierta altura, un bisuabuelo encuentra a su bisnieto.

El bisabuelo está completamente chocho (sus pensamientos tienen el color del agua) y sonríe con la misma beatífica sonrisa de su bisnieto recién nacido. El bisabuelo es feliz porque ha perdido la memoria que tenía. El bisnieto es feliz porque no tiene, todavía, ninguna memoria.

He aquí, pienso, la felicidad perfecta. Yo no la quiero.

Ya sé que he hablado muchas veces de esto mismo, de elegir recordar aunque en ocasiones duela, de salvaguardar la memoria, los recuerdos, lo vivido, de tener presente nuestro ayer no para que ancle y no nos deje caminar, sino para saber quiénes somos, quiénes hemos sido, y partiendo del pasado, disfrutar del presente y construirnos un futuro enriquecedor, libres, con la valentía de quien no olvida pero encuentra sitio para lo nuevo que viene.

La historia de Galeano me volvió a recordar todo esto. Yo tampoco quiero esa felicidad perfecta del que no tiene memoria, no quiero pastillas para olvidar mis traumas, ni cerrar heridas en falso. Cuestión de elecciones, supongo... la mía, desde hace mucho tiempo, y la mantengo bien firme, viene siendo recordar. Tener memoria. Mimar el ayer sin descuidar el manyana. Aunque a veces cueste, aunque algunos recuerdos no sean del todo cálidos y no abriguen en noches de invierno, no importa. Además, ya es casi primavera...

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